La noche que me harté de la linterna del móvil
Voy a empezar por el principio, porque si has llegado hasta aquí probablemente te esté pasando algo parecido a lo que me pasó a mí. Vivo en una casa a las afueras, con un patio largo, un trastero al fondo y un cuadro eléctrico que, digamos, tiene carácter. El pasado noviembre saltó el diferencial dos veces en una misma semana. Las dos veces de noche. Las dos veces con mi hija pequeña ya acostada.
La primera vez tiré de la linterna del móvil. Cruzas el patio con el brazo estirado, iluminando un círculo de metro y medio, rezando por no pisar la manguera, y cuando llegas al cuadro te das cuenta de que necesitas las dos manos: una para sujetar la tapa y otra para los magnetotérmicos. Así que acabé con el móvil en la boca. Con un 9 % de batería. Y con la sensación bastante ridícula de no tener una linterna decente en casa.
La segunda vez busqué la linterna «de verdad» que teníamos en el cajón de la cocina, una de plástico que compramos en una gasolinera hace años. Encendía. Daba una luz amarillenta y triste que apenas llegaba a tres metros y que se fue apagando sola en dos minutos. La tiré a la basura esa misma noche. Al día siguiente me puse a buscar en serio.
Qué buscaba exactamente (y qué me estaba encontrando)
Mi lista era corta y bastante poco romántica. Quería algo que cupiera en el bolsillo del abrigo o en la guantera. Que fuera de metal y no de plástico, porque a mí las cosas se me caen. Que iluminara de verdad, no un círculo pálido. Y sobre todo, que funcionara con pilas normales, porque las linternas recargables que había tenido antes siempre estaban descargadas justo el día que las necesitaba. Un cargador más en casa no era la solución.
Estuve mirando modelos de tienda especializada de 90, 120 y hasta 200 euros. Muy bonitos todos, con fichas técnicas llenas de números que no sé interpretar. Y también vi las de cinco euros del bazar, que ya sabía cómo iban a acabar. Lo que buscaba estaba en medio y me costó bastante encontrarlo.
Al final me decanté por una linterna táctica LED compacta con tecnología CREE, cuerpo de aluminio anodizado, cuatro modos de funcionamiento y alimentación con 3 pilas AAA estándar. La encontré en oferta y la pedí un martes casi sin pensarlo, más por cansancio que por convicción, la verdad.
Esta es exactamente la que compré yo
En la página oficial del vendedor puedes ver el precio y la disponibilidad de hoy.
Ver el precio actual →La primera impresión: pesa
Llegó en una caja pequeña, sin demasiada ceremonia: la linterna, un pequeño manual y poco más. Lo primero que noté al sacarla fue el peso. No es pesada en el sentido de incómoda, pero tiene una densidad de objeto sólido que la de la gasolinera no tenía ni de lejos. El cuerpo está moleteado, con ese rayado en rombos, y no se resbala ni con las manos húmedas: lo comprobé sin querer fregando el suelo del garaje.

Poner las pilas me llevó menos de un minuto. Se desenrosca la tapa, sale un portapilas de plástico con los polos marcados y se vuelve a enroscar. No hay tornillos, no hay instrucciones crípticas. Mi padre, que tiene 74 años y una relación complicada con cualquier cosa que lleve pilas, lo hizo solo a la primera cuando le regalé la suya en Navidad.
Los cuatro modos, explicados como los uso yo
En las descripciones se habla de «cuatro modos de trabajo» y suena a folleto. En la práctica, y después de meses, los uso así:
- Máxima potencia: el que uso en el patio y en el campo. Es el que de verdad marca la diferencia frente a cualquier linterna barata.
- Potencia media: el de andar por casa durante un apagón. Ilumina de sobra un pasillo y estira mucho más las pilas.
- Estroboscópico: el intermitente rápido. Sinceramente, casi no lo uso. Lo tengo pensado para señalizar si alguna vez me quedo tirada en la carretera.
- SOS: lo mismo. Está ahí, funciona, y espero no necesitarlo nunca.
Se cambia de modo pulsando el botón trasero. Al principio me hacía un lío y pasaba de largo al estrobo cuando solo quería bajar la intensidad. Ahora lo hago sin mirar. También tiene un zoom: acercas o alejas el cabezal y el haz pasa de un foco cerrado y muy largo a una luz ancha que llena toda la habitación. Ese detalle, que no valoraba nada al comprarla, es probablemente lo que más uso.

Cuatro meses después: dónde ha acabado cada una
Compré la primera en noviembre. En enero pedí más, y aquí es donde te tengo que ser honesta: lo hice porque en la oferta salían más baratas por unidad al llevar varias, y porque a esas alturas ya sabía a quién se las iba a dar. Una vive permanentemente en la guantera de mi coche. Otra está en el cajón de la entrada de casa. Otra se la quedó mi padre y otra mi hermano, que tiene una furgoneta y trabaja fuera.

La del coche ya ha tenido su bautismo. En febrero, volviendo de Palencia, se me pinchó una rueda a las nueve y media de la noche en una comarcal sin arcén iluminado. Cambiar una rueda a oscuras es exactamente tan desagradable como suena. Con la linterna en el suelo, apuntando al gato y en modo medio, tardé lo que tenía que tardar y no lo que habría tardado con el móvil en la boca otra vez.
¿Merece la pena tener una en el coche?
Para mí fue la mejor de las cuatro decisiones. El vendedor tiene packs de varias unidades a un precio bastante inferior por linterna.
Ver los packs disponiblesLo que no me ha gustado
No voy a escribir una carta de amor a una linterna, así que aquí van las pegas, que las tiene.
- Se calienta. En máxima potencia y después de diez o quince minutos seguidos, el cabezal se nota claramente caliente al tacto. No quema, pero se nota. En los otros modos no pasa.
- Come pilas si abusas del modo máximo. Con uso normal —un rato de vez en cuando— me duran muchísimo. Pero si la dejas al máximo un buen rato varios días seguidos, las pilas se van rápido. Compré un pack grande de AAA y asunto resuelto.
- El orden de los modos. Que el estroboscópico esté en medio del ciclo es molesto. Deslumbra un segundo hasta que vuelves a pulsar.
- No es sumergible. Aguanta lluvia y salpicaduras sin problema, la he usado bajo un chaparrón. Pero no es una linterna de buceo y no hay que tratarla como tal.
- El envío tardó. Diez días en mi caso. No fue un drama, pero si la necesitas para el sábado, no la pidas el jueves.
Preguntas que me han hecho por mensaje
¿Vale para alguien que no es «de linternas»?
Yo no lo era en absoluto. Se enciende con un botón y se cambia el modo con el mismo botón. No hay más.
¿Sirve para ir al monte o de acampada?
Para pasear, montar una tienda o buscar el camino de vuelta, de sobra. Para una travesía nocturna larga yo llevaría además un frontal, simplemente porque tener las manos libres es otra cosa.
¿Se puede usar como defensa personal?
No. Es una linterna. El bisel dentado ayuda a que no ruede en una superficie inclinada y poco más. No la compres pensando en eso.
¿Cuánto cuesta?
Cuando yo la compré estaba con un descuento importante sobre el precio de catálogo y con los gastos de envío incluidos. El precio y las promociones los fija el vendedor y van cambiando, así que lo mejor es mirarlo directamente en su página:
Conclusión honesta
No es un producto que te cambie la vida y desconfía de quien te lo venda así. Es una herramienta barata que resuelve un problema muy concreto: ver bien cuando no hay luz, con una mano y sin depender de la batería del móvil. Meses después de aquel apagón, en mi casa hay una en la entrada y otra en la guantera, y las dos veces que las he necesitado de verdad han funcionado. Para lo que costó, eso me parece más que suficiente.
Si estás en el mismo punto en el que estaba yo aquella noche cruzando el patio con el móvil en la boca, creo que sabes perfectamente lo que tienes que hacer.
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